La pesca con mosca entre 1800 - 1850

La primera mitad del siglo XIX fue el período cuando la mosca ahogada con alas apareció y marcó el principio de la evolución de la mosca para salmón totalmente vestida. También fue una época de experimentación, empezaron a hacerse mejoras al diseño de las cañas, las líneas de seda trenzada empezaron a fabricarse en masa y la tripa (intestino) de gusano de seda, utilizada ampliamente.

Las cañas de principios del siglo XIX, no eran muy diferentes a sus antecesoras, las mejores empezaron a fabricarse de fresno, anona y nogal americano; Con el bambú de Calcuta se empezó a sustituir la madera de anona, cuando aquél podía encontrarse con la calidad apropiada.

Con excepción de la anona y del bambú, los otros materiales habían sido la materia prima preferida durante dos siglos y aún permanecieron en uso durante otros treinta años.

Las cañas de varias secciones tendían a desarmarse constantemente. Se necesitó mucho ingenio para superar el problema y una cantidad de junturas fueron empleadas durante este siglo: una férrula hembra de bronce aceptaba a la otra parte forrada también de bronce, así como uniones roscadas.

La búsqueda no terminó hasta que fue posible fabricar uniones resistentes forradas con delgados casquillos metálicos.

Independientemente de muchos otros avances, la barba de ballena sigió utilizándose en las puntas de las cañas, siendo considerado suficientes con una longitud de cuatro o cinco pulgadas. Ya entonces, muy pocos se tomaban la molestia de confeccionar sus propias cañas, pero a principios del siglo XIX, era necesario que los pescadores tuvieran conocimientos y habilidades suficientes para fabricar sus propias puntas de caña, las cuales se rompían con monótona regularidad (a veces después de unos cuantos días).

La longitud de las cañas para salmón permaneció inalterada desde los días Walton, pero las cañas para trucha empezaron a hacerse más cortas. La longitud común para las cañas de trucha era de entre doce y catorce pies, aunque en 1806, Mackintosh sugirió que las cañas para dos manos para trucha no debía ser menor a ¡ 16 pies de largo !. Las cañas para salmón se alargaron una vez más, quizá diecisiete o dieciocho pies.

Hacia 1800, el carrete ya era casi universalmente utilizado por los pescadores a mosca.

El carrete con sujetador de abrazadera era ampliamente utilizado, aunque las versiones con un "perno" eran ligeramente menos populares.

Literalmente, estos últimos carretes, tenían un perno roscado (tornillo) que se pasaba a través de un agujero practicado en la parte baja de la caña y sujetado entonces con una tuerca de mariposa. Existía una acalorada discusión que mantenía divididos a los expertos, sobre en dónde debía colocarse el carrete: si arriba o abajo de la caña. La mayoría de los partidarios de colocar el carrete encima de la caña, pescaban con carretes multiplicadores; una colocación (o posición) que, aún hoy en dia, sigue siendo preferida para los carretes de este tipo.

En la década de 1830, los carretes con soporte de placa entraron en fiera competencia con los carretes de abrazadera de tornillo que en esa época existían. Los carretes con abrazadera continuaron siendo, pese a todo, los favoritos y firmas como Pfleuger continuaron comercializando carretes con abrazadera hasta finales del siglo XIX.

Para cambiar al nuevo asiento -más moderno- las cañas debían ser modificadas individualmente, pero el nuevo diseño ofrecía tantas ventaja, que no tardó mucho en convertirse, por demanda, en el asiento universal para el carrete. (estándar industrial, como diríamos).

Los carretes de esa época, eran pequeños en comparación con los modernos; típicamente medían más o menos una pulgada, tanto de ancho como de diámetro. No había ninguna razón para que fueran más grandes, pues las líneas eran muy delgadas y no existía distinción entre el running line y la línea de mosca.

Aparte del desarrollo de los multiplicadores, desde la época de Walton, el diseño de los carretes casi no sufrió de alteraciones y los carretes de principios del siglo XIX eran casi injustificadamente inadecuados: los carretes con tambor ancho y diámetro estrecho dominaban el mercado. Con raras excepciones, los carretes británicos de ese período que han sobrevivido, son de baja calidad, por lo que es entendible porqué no eran muy apreciados.

Entretando, en Norte América, una línea separada de carretes empezó a aparecer. Para empezar, la mayoría de los carretes americanos eran hechos artesanalmente y tenían toscas bobinas de madera con asientos de hierro. A principios del siglo XIX, la mayoría los americanos debían importar los carretes o fabricarlos ellos mismos.

Los veteranos, a menudos pescaba con carretes improvisados por los herreros locales, usando bobinas para lana desechadas. Pero la industria nativa empezó a aparecer y rápidamente se hicieron comunes los carretes de acción sencilla y manivela curvada, fabricados con bronce o German silver.

Se cree que en algún momento entre 1805 y 1810, George Snyder, un relojero y orfebre de Paris, Kentucky, construyó los primeros carretes de calidad norteamiricanos. Snyder detectó la necesidad de un carrete multiplicador confiable y se sentó a inventar uno.

Pocos años después, aparecieron otras empresas: entre otras, Meek, Hardman y Milam, que fueron responsables del ulterior perfeccionamiento del carrete multiplicador. Estos "carretes de Kentucky" se distinguían de los británicos por el hecho de que realmente funcionaban bien, y no tardó mucho en que aparecieran carretes cuyo diseño permitieron, por primera vez, lanzar la línea directamente del carrete; una suerte que no se podía intentar dos veces con un carrete inglés.

En los carretes americanos, aparecieron varias innovaciones, como la presentar una palanca balanceada y el primer mecanismo para un carrete de bobina independiente.

A principios del siglo XVIII, la producción en masa de las líneas de pesca, hicieron que el precio en las tiendas, entraran en "caída libre", pero no era un negocio sencillo. Los fabricantes de equipo estaba inmersos en una larga curva de aprendizaje; algunas líneas se ahusaban demasiado rápido, otras eran demasiado gruesas y las líneas más baratas se echaban a perder rápidamente.

La mayoría de las líneas se fabricaban con mezclas de seda y pelo de caballo, pero las líneas de seda trenzada empezaron a aparecer en el mercado. La línea trenzada fue un importante avance ya que se consiguió con ella el primer paso hacia las líneas impermeables, muchísimo más durables.

Las mejores líneas eran de seda trenzada y eran mucho más delgadas y resistentes que sus contraparte torcidas, y empezaron a estar disponibles en longitudes de ochenta a cien yardas.

Hubo otro importante desarrollo: "Silkworm gut casts" (o líder o bajo de fondo, como le llamaríamos ahora) empezaron a desplazar al pelo de caballo.

La distancia de lanzado se incrementó notablemente. En el siglo XVII, la línea fija implicaba que la distancia máxima a la que el pescador podía "lanzar" era igual o ligeramente mayor a la longitud de la caña. A principios del siglo XIX, al tomarse mayor interés en la acción de las cañas, así como las líneas de seda y pelo de caballo se incrementó la distancia alcanzada. La calidad de las líneas era tal que un pescador promedio podía lanzar a distancias razonables: de dieciocho a veintitrés yardas con una caña de dieciséis pies; y diez o doce yardas con viento.

Pero el asunto era más complicado por el hecho de que era posible pescar con varias moscas en un solo lanzamiento, gracias al descubrimiento de la tripa de gusano.

Gracias al libro publicado en 1836 por Ronalds, las moscas para trucha se presentaron en grandes cantidades.

Los patrones adquirieron una apariencia "moderna" y las moscas palmeadas (alguna vez basamento del pescador con mosca) se redujeron a unas cuantas -cayendo de su posición dominante, alcanzada durante el siglo XVIII-.

Las moscas para salmón llegaron a su maduréz y los patrones abultados que sue usaron tradicionalmente en el siglo XVIII, fueron arrastrados por nuevas creaciones inspiradas por Blacker y Bainbridge, los más destacados atadores de mosca de la primera mitad del siglo XIX Es intersante notar que la la mayoría de las moscas eran atadas en la mano, el vise apareció en los últimos años del siglo XVIII, pero continuó siendo considerado como una "peligrosa innovación".

Jones GuideLos viajes de placer (turismo) se hicieron posible para la gente ordinaria y el ferrocarril empezó a jugar un papel crucial en el desarrollo de la pesca en el Reino Unido.

La primera vía británica se instaló en 1825 y para 1870, el país contaba ya con 13,500 millas de vías ferrovarias.

Empezó una afluencia a sitios extranjeros de pesca y aventura y uno de los destinos preferidos era Noruega.

Los grandes ríos noruegos y los enormes salmones que los habitaban, se convirtieron en irresistible tentación para los pescadores británicos adinerados. Ellos encontraron un país que carecáa de una tradición de pesca de salmón y durante un tiempo, las tarifas y costos estuvieron rasonablemente bajos.

El principio del amor a la pesca de salmón en Noruega, fue celebrado en Jones's Guide to Norway, un libro que tuvo la peculiaridad de haber sido escrito por un hombre que realmente no había visitado Escandinavia.

Este tipo de detalles no fueron suficientes para detener a Tolfrey, quien junto con su amigo, un vendedor de equipo de pesca de la calle Jermyn, que vendía equpo de alta calidad a ricos y afamados, vió una oportunidad de negocio que los hizo famosos a ambos.

Como la ilustración nos muestra, los patrones de Jones son complicados y vistosos y hasta la fecha, siguen siendo de los más retadores patrones de mosca para salmón que cualquier atador pueda enfrentar.

(ilustración cortesía de Henrik Strandgaard - hqs@novo.dk)