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El placer de los pescaditos

Por H. Yamasaki

Es seguro que todo pescador guarda en su interior el deseo ferviente de capturar al pez más grande que habita en el lugar que se visita, no importa que sea un río, lago o presa y sin embargo, lo único que saca, si es que pesca algo, no son más que peces "estándar". Este deseo es, quizá, uno de los motivos que nos impulsan a seguir con esta práctica.

Para que un pez en su hábitat natural alcance una talla descomunal, es necesario que desde el momento de su nacimiento, se conjugen una serie de eventos afortunados, cuya probabilidad es bastante baja con respecto a la cantidad de peces que habitan en el mismo lugar.

Así, es posible decir que sólo uno entre miles, logrará alcanzar un tamaño que podamos considerar como de campeonato y para "empeorar" las cosas, cuando ya lo tenemos enganchado, cometemos un pequeñísimo error y lo perdemos: El pez se vuelve más cauteloso, disminuyendo aún más las probabilidades de capturarlo.

Siendo así de gris el panorama, no nos quedan más que dos remedios: Acudir a los criaderos, en donde la emoción de saber grande nuestra probabilidad de éxito, se ve un tanto disminuida con el pensamiento del agujero que tal captura dejará en nuestra cartera o, aprender a disfrutar de la pesca de peces de talla normal.

La pesca de peces de talla normal presentan, si aprendemos a reconocerlo, grandes emociones, ya que a decir verdad, muchas veces son más aguerridos que ejemplares de gran talla.

Por ejemplo, si pescamos con cebo o cucharilla, cambiemos nuestra línea de 20 Lb, por una de 1 ó 2 Lb, de resistencia; en lugar de usar una caña de 3 mt. y acción rápida, utilicemos una caña lenta de 1.5 o 2 mts. Si utilizamos la mosca, utilicemos líderes 6x o 7x con moscas del 14 o más pequeñas, de esta forma, un pescadito de 300 gr. deberá ser tratado como si se tratara de uno de 3 Kg., e incluso con mayor cuidado, ya que por lo general, estos peces se defienden a capa y espada. Ahora, si con este tipo de aparejo tenemos la fortuna de caputar un ejemplar realmente grande, además de la inigualable emoción, tendremos la oportunidad de probar nuestra habilidad.

También, debemos recordar que si capturamos y liberamos correctamente a un pez, este tendrá oportunidad de crecer más y volverse "matrero", por lo que su o sus posteriores capturas, se convertirán en un reto mayor.

Así pues, aprendamos a disfrutar de cada uno de los peces que capturemos, independientemente de su talla, ya que el nivel de satisfacción que nos ofrecen, depende enteramente de cada uno de nosotros.

Héctor Yamasaki

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