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| Pesca sin señuelos | |
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Por Miguel Angel Romero Navarro No mis queridos amigos, no se trata de un método mágico, ni mucho menos truculento o con artes prohibidas. Generalmente cuando hablamos de pesca de lobina, hacemos referencia a equipos, señuelos, técnicas, temporadas, condiciones lunares, temperatura .... y un sin fin de variables a las que está sometido el rendimiento de este hermoso deporte. En nuestro arsenal seguramente contamos con un buen surtido de equipos y señuelos que nos permiten sentirnos "respaldados", lo que nos hace ir armados hasta los dientes en busca de nuestro amigo verde, aunque la mayoría de las ocasiones terminemos intentándolo solamente con nuestros señuelos favoritos, pese a los consejos y diferentes técnicas que se supone conocemos. Desde luego que en cuanto mejor sea nuestro conocimiento y manejo de las diferentes técnicas, mayores serán nuestras posibilidades de éxito; sin embargo considero importante tener también en cuenta otros elementos que influyen decididamente y que a través de los viajes de pesca he podido experimentar. Me refiero al disfrute que se saborea desde el momento de preparar todos los arreos, planear el viaje, revisar la seguridad de vehículo y embarcación, afinar detalles con los amigos de quienes se gozará la compañía y de manera especial si nos acompañan nuestros niños. Durante el viaje se suele pensar en las sorpresas que ese viaje en especial tendrá, ¿de que tamaño será el pez mas grande que atrapemos o con cuántos de ellos podremos tener una buena "pelea"?. Se recuerdan anécdotas de otros viajes y se respira una atmósfera de optimismo y alegría. Ya en el sitio de pesca nos procuramos ciertas comodidades, de acuerdo al lugar que visitemos, lo cual resulta en una pesca mejor, ya que un pescador descansado y bien alimentado podrá concentrarse mejor y se cansará menos durante el día; y qué decir de sentirse limpio y no gastar la mitad del tiempo en rascarse la cabeza y la otra en lanzar el señuelo. Tal vez lo mas importante de todos los elementos de preparación es sin duda la actitud mental, pues un pescador que piensa positivamente y está convencido de que atrapará muchos peces y de buen tamaño, seguramente tendrá mayores posibilidades de hacerlo que aquel que de antemano piensa que las condiciones son difíciles o que no está en armonía con el entorno. Esto no quiere decir que quien no pesca no disfruta, pero es un hecho de que a los que nos gusta este deporte multiplicamos ese disfrute al ser mejor la pesca, aderezada con los hermosos amaneceres, los primeros rayos del sol, la claridad del día, sus sonidos y sus aromas, así como las despedidas de cada atardecer entregando la promesa del día siguiente. Me permito enumerar a continuación algunos factores complementarios en el orden de importancia que según creo constituyen la mejor preparación, en lo que llamo "la pesca sin señuelos".
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