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| Pescador | |
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Por Armando Fuentes Aguirre El viajero fue a pescar. Se levanto en la madrugada y vió como las estrellas se iban apagando al tiempo que se asomaba el sol. Con igual mansedumbre debemos apagarnos los humanos, pensó el viajero mientras disponía su sedal y su anzuelo. Cuando el viajero llego al pequeño lago lo encuentra aún dormido. En sus orillas se refleja apenas un leve amanecer. Tira su línea el pescador y un pajaro vuela en sobresalto, quiebra la noche con sus alas y hace que el día se asome a ver que pasa. Se vuelve azul el agua y verde y amarilla; se escuchan silbos de aire; rezumban los insectos. Salta de pronto un pez de jade y pone en el lago círculos concéntricos. El último llega a la orilla y mueve una pequeña hoja de hierba. El pescador tiene ahora el mundo prendido de su anzuelo. Ha pescado la luz del día, el sol, el aire de la mañana clara, el vuelo del pájaro, los ruidos de la vida y la memoria de las estrellas nocturnas que brillarán otra vez. Ningún pez ha pescado, si exceptúa la imagen de aquel hecho de jade, tan instantáneo y súbito como un hai-kai. Pero el viajero es pescador y sabe que pescar es lo que importa menos cuando se va a pescar. |
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